El
artículo del día: Diario de Mallorca
El sainete
italiano de García Ruiz
13.05.09
- PEP VÍLCHEZ
(*) El 27 de agosto de 1936 arribaba al puerto de Palma el
carguero Morandi procedente de Italia. A bordo del buque llegaron
a la ciudad personal técnico y militar italiano entre
los cuales se encontraba el experto aviador Luigi Cirelli
–que había participado, junto a Italo Balbo,
en el mítico vuelo Roma-Chicago en 1933– quien
se convertiría en jefe de la Aviación Legionaria
Italiana de Balears durante buena parte de la contienda civil.
Entre el pasaje también viajó Arconovaldo Bonacorsi,
jefe del Fascio de Bolonia, cruel escuadrista y hombre de
confianza del Duce Mussolini, quien, tras hacerse llamar conde
Aldo Rossí, protagonizó el liderazgo de la resistencia
de la rebelión militar ante la comprometida situación
generada tras el desembarco republicano en las costas cercanas
a Manacor.
El Hotel Mediterráneo fue testigo de la estancia del
pintoresco personaje y Mallorca testimonio de las consecuencias
de las sanguinarias consignas del impostor italiano: ¡Tutti
i rossi fucilati! Julià Adrover, sacerdote teatino,
sirvió de traductor y acompañante al organizador
de los llamados Dragones de la Muerte, formación paramilitar
compuesta por un nutrido grupo de escopeteros.
Pero el material más preciado se hallaba en las bodegas
del Morandi. Allí, desmontados, se hallaban tres modernos
cazas CR-32 y tres hidroaviones bombarderos Savoia-51. Durante
toda la noche se trabajo duro en el montaje de los aparatos.
A la mañana siguiente Luigi Cirelli hizo su primera
aparición en el cielo de Porto Cristo anulando la supremacía
área de los hidroaviones republicanos que se mostraron
impotentes ante el desigual encuentro.
Desde entonces la presencia militar italiana no dejaría
de crecer jugando un papel determinante ya que desde los aeródromos
mallorquines se acosó permanentemente la zona republicana
levantina y catalana con un cruento saldo de destrucción
y muerte.
Además de los aviones, el Moradi trasportó combustible,
ametralladoras tipo Breda, munición artillera antiaérea,
y un nutrido cargamento de bombas y otros pertrechos militares.
Con la llegada del buque tomaba cuerpo la decisión
de Benito Mussolini de arropar a los militares sublevados
en Mallorca y, así, adelantar la toma de una pieza
estratégica a manos del fascismo italiano en el Mediterráneo
occidental, lo que no pasó desapercibido en Francia
e Inglaterra.
Unos días después, a primera hora de la mañana
del 31 de agosto, tuvo lugar una reunión a bordo del
crucero italiano Fiume, anclado en la bahía de Palma.
Según testimonio de uno de los asistentes –el
teniente coronel Luís García Ruiz–, por
indicación expresa, los asistentes fueron de paisano
para no levantar sospechas en el crucero inglés, presente
en las mismas aguas en funciones de vigilancia fruto del acuerdo
de No Intervención, accediendo al buque por la parte
que no podía ser avistada desde el navío británico.
En el referido encuentro, junto a los italianos Margottini,
Aldo Rossi, Cirelli y De Francesco, participaron, entre otros,
Juan March Servera, Mateo Torres Bestard, el notario Arranz,
García Ruiz y el jefe de Falange Alfonso de Zayas.
En la reunión, se adoptó la estrategia militar
"sugerida" por el mando italiano el cual se hallaba
firmemente comprometido con los rebeldes. La
primera aseveración que partió de los labios
de comandante Margottini, al mando del crucero italiano,
fue advertir que aquella reunión nunca había
tenido lugar. Tras exigir el relevó del mando de
las tropas del frente de Manacor aprestó a que con
urgencia se procediera a la movilización de todas
las reservas y milicias de la isla. A Margottini se le hizo
saber, a reglón seguido, que en la noche anterior
había sido destituido el coronel Ramos Unamuno del
mando de la defensa militar de la zona del desembarco para
ser sustituido por el propio García Ruiz.
La expedición republicana, organizada desde Barcelona
por el gobierno de la Generalitat y el Comité de
Milicias Antifascistas y comandada por el capitán
Alberto Bayo, se hallaba sentenciada. Una operación
improvisada –como casi toda la inicial resistencia
frente a los militares golpistas– se vio sorprendida
ante la presencia de modernos aparatos pilotados por expertos
aviadores lo cual complicó la ya de por sí
compleja operación.
La "hazaña" del teniente coronel de ingenieros
García Ruiz no fue otra que "situarse"
al frente de la defensa militar en el momento "oportuno"
en que se abría paso la nueva realidad forjada por
la presencia italiana. Posteriormente, el coronel Ramos
Unamuno, junto con otros destacados militares, seria encausado
y condenado por las autoridades rebeldes.
Las circunstancias vividas en Manacor y las poblaciones
circundantes extendieron la práctica de una feroz
represión. Todos los que poseían significación
republicana fueron fieramente perseguidos siendo muchos
de ellos vilmente asesinados en una orgía de muerte
que tuvo como escenario preferente el cementerio de Son
Coletes. La isla tembló ante la crueldad de los sublevados
y el terror que incita al olvido se extendió en el
tiempo hasta tal punto que, aún hoy, hay quien clama
por sepultar a las víctimas del olvido cuyo recuerdo
surge inexorable entre las gentes de bien.
Tras
el reembarco de las fuerzas del capitán Bayo, la
pírrica victoria fue aireada por las calles de Palma
organizándose un vistoso y entusiástico desfile
donde no falto la destacada presencia del conde Rossi encaramado
a lomos de un vistoso corcel.
Bien seguro que entre los protagonistas de aquel evento
se hallaban buena parte de los que asistieron al fusilamiento
público del alcalde republicano de Palma Emili Darder,
del diputado y dirigente socialista Alexandre Jaume, del
alcalde de Inca Antoni Mateu y del potentado republicano
Antoni Maria Ques, acto que fue clamorosamente aplaudido
por los que presenciaron el asesinato en el cementerio de
Palma.
Ahora, el pleno del Ayuntamiento de Manacor, por acuerdo
de los partidos con representación en el consistorio,
ha dispuesto dejar sin efecto los títulos de honor
concedidos al dictador Francisco Franco y al teniente coronel
Luís García Ruiz. Justa decisión que
sin duda ayuda a reconciliar al presente democrático
con los valores de la libertad y la justicia.
(*)
Licenciado en Historia
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