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Y
aún perdura el silencio…
20.03.09
- El
silencio atormenta cuando es silencio de miedo. El silencio
desencaja rostros y composturas. El silencio suele ser muchas
veces arma delatora que explica la maldad, las desmesuradas
ansias de poder y la doble cara del juego.
El silencio traumatiza a quien debe refugiarse en él
por necesidad. El silencio corroe si no se domina. El silencio
es la huida ante la evidencia.
El silencio es el camino donde deambula el cobarde, donde
deambula el traidor cual Judas Iscariote. Las treinta monedas
pagadas por el poder humillan y envilecen.
Nunca un silencio político fue tan cobarde, y nunca
un cobarde necesitó tanto la bendición divina
ni la absolución, pero nunca mejor que estas fechas
para redimir culpas acompañando la cruz con la política
a cuestas.
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