
La memoria como antídoto
16.03.09
- Uno
de los temas más recurrentes de cierto sector capitaneado
por la SGAE es criminalizarnos a todos y darnos la culpa
de todos los males de la industria. Para rematar, nos pinta
un futuro apocalíptico donde no habrá ni música,
ni cine, ni videojuegos porque nos los habremos cargado.
La memoria es uno de los mejores antídotos.
Esa canción tan fúnebre ya está rayada
de tanto oírla y como no paran de anunciarse novedades
y estrenos, tan mal no pueden ir las cosas. Tan inexacto
como creer que sólo existe la música desde
que ésta pudo registrarse. Por cierto, lo mismo dijeron
de las cassettes y cintas de vídeo.
En el fondo todo esto no es nuevo. Desde
que tengo uso de razón la gente se ha intercambiado
cosas, a veces porque el dinero no da para más, otras
porque ciertas cosas ya no interesan a nivel mercado, pero
sí a nivel cultural. En los 80 usábamos las
omnipresentes cintas de cassette, que tanto servían
para un roto que para un descosido, desde las recopilaciones
caseras de las canciones preferidas a los últimos
juegos de ordenador de aquel momento. Ahora podemos llevar
nuestra discografía entera en el bolsillo. El concepto
es el mismo, el abanico de posibilidades no. Antes te cambiabas
con la gente que conocías, normalmente mano a mano,
que lo de mandar por correos siempre era un palo. Ahora
puedes bajarte un single que te falta de Pizzicato Five
del ordenador de una señora de Japón de la
que ni sabes de su existencia, mientras ella se descarga
temas del Fary del tuyo, al que ha descubierto gracias a
una copia de Torrente que se descargó su hijo para
echarse unas risas con los colegas.
En el fondo la culpa es suya, con todo el
advenimiento de lo digital, con los compact disc como primer
desembarco, nos dieron lo más parecido a un master
que un usuario pueda tener. Luego popularizaron las grabadoras,
advirtiéndonos de que no hiciéramos copias,
aunque ésa es la función del aparato y tener
el amparo de la ley, con derecho a copia privada, incluso
de obras que no hemos comprado. Mientras, ellos se forraban,
hinchando los precios descaradamente.
Luego se inventaron las medidas “anticopia”.
Bonito eufemismo para fastidiar a los usuarios que adquieren
el producto pasando por caja, que quedan en desventaja ante
el resto de usuarios, quienes se benefician del mismo producto
sin los inconvenientes del sistema “anticopia”.
Además no te permiten ejercer tu derecho a copia
privada que te permite la ley, aunque te hayan cobrado previamente
un canon por ello, la vayas a hacer o no, la puedas hacer
o no.
La idea que intentan transmitir es meternos
todos en el mismo saco, con los que sí sacan beneficios
de las copias y hacenos pasar por unos desalmados que nos
vamos a cargar la cultura, cuando la mayoría no pagarían
realmente por el producto que han descargado o intercambiado
y por supuesto la cultura es algo mucho más amplio
que un producto manufacturado. En lugar de la presunción
de inocencia, la de culpabilidad y todo el mundo a pasar
por el aro del canon.
En el fondo nos jugamos el acceso a la cultura
(para todos, porque un derecho es universal o no es derecho),
básico para el desarrollo de una sociedad. Y hablo
con conocimiento de causa, del 2002 al 2007 ejercí
de editor profesional de comics. En su momento no apoyé
la nefasta idea de cobrar por el préstamo bibliotecario
(o multarlos con un canon) ni me importa que casi todo mi
catálogo se encuentre circulando por la red, sé
de lectores latinoamericanos que han podido leerlos, cosa
que fue imposible de conseguir por los cauces de distribución
del mercado en su momento.
Nos
leemos en catorce días.

Xavier Morell. Coordinador Esquerra Unida de
Manacor, editor de còmics 2002 - 2007, membre
fundador de RecercaPruaga. |
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