10.03.10 -
El hecho y la manera en que se han realizado las elecciones a la presidencia regional del Partido Popular no han pasado indiferentes para nadie. A los más afines ideológicamente les sonríe todavía la cara de la lección de democracia que han dado. A los de otros partidos, tras bucear en busca de algo que criticar, se han centrado en la anécdota que se produjo durante el congreso extraordinario cuando un sector abucheó o silbó la intervención del orador, el señor Flaquer, hablando en mallorquín.
Tal anécdota ha servido para que en algunas tertulias de café se oiga, por boca de más de algún nacionalista, la manida frase de "si somos catalanes, o si somos bilingües, ¿por qué se ha prohíbo hablar en catalán?
Se ve que los críticos no han entendido nada de lo que en el PP de Baleares ha sucedido durante estos primeros días del mes de marzo.
En el PP de Baleares se ha procedido a sentar las bases de una auténtica regeneración. Han fijado principios indiscutibles a los que el partido se va a ajustar. Unos de estos principios es de las Illes Balears como identidad y el bilingüismo como expresión.
De la misma manera que un extremeño, un navarro y cualquier otro ciudadano se siente orgulloso de ser de donde es, de esa misma manera se entiende en el PP que un ciudadano de nuestras islas tiene motivos más que suficientes para sentirse orgulloso de ser balear sin necesidad de buscar una adopción ajena.
Pertenecer y formar parte de España, con los mismos derechos y deberes que tienen los ciudadanos del resto de las comunidades, es también otra reafirmación indiscutible del PP balear.
Por eso han sembrado en su congreso la semilla del principio de la plena libertad para que todo ciudadano balear pueda elegir en qué lenguas hablar y estudiar, tanto la mallorquina, singular de las Illes Baleares, como la castellana, medio de expresión y entendimiento con la totalidad de los ciudadanos de España.
Nunca se ha de alabar a quien abuchea o silba. Menos aún cuando el espectador tiene la posibilidad de no aplaudir. Ahora bien, cuando el orador tiene la suerte de poder expresarse en dos o más lenguas y sabe que únicamente la totalidad de los que le escuchan le entenderá en una de ellas, utilizar la otra, es pecar de ingenuidad o exhibicionismo vacío. La cosa se agrava cuando el orador es un militante de un partido de ámbito nacional y en primera fila tiene sentados a altos dirigentes de su partido venidos de fuera. Hablar para que no te entiendan raya la estupidez.
Juan Carlos |