OPINIÓN / POLÍTICA
Antibasse 
Hasta los plomos se fundirían

02.03.10 - El pasado día 18 de febrero del 2010, en su página 8, el Diario de Mallorca, bajo la pluma de D. Mateu Ferrer y desde Campanet, daba cuenta en la sección de Política de “Un caso especial de Sin Papeles”, titulado “Sin cargo por no ser española”.

En dicho artículo se decía que el PSM no había podido nombrar a Lucy Collyer directora insular de Medio Ambiente al tener nacionalidad británica, debido a que la Constitución (se omite decir Española) había truncado los deseos de los nacionalistas, al impedir su articulado que alguien sin DNI ni pasaporte españoles pueda ser alto cargo, en concreto Directora Insular de Medio Ambiente y Programas.

En dicho artículo se dice que Doña Lucy Jale Collyer, nacida en Watford (Inglaterra) en 1982, vino a vivir a Mallorca junto con sus padres en 1987 cuando tenía cinco años y medio instalándose en Campanet, con un permiso especial para residentes extranjeros, que Lucy J. Collyer es licenciada en Geografía por la UIB, especialista para el Desarrollo y que hasta hace poco ha estado trabajando en Bruselas en el Parlamento Europeo.

Se ponen en boca de la candidata las siguientes expresiones: "Nunca antes había tenido ningún problema por no ser española", "es una vergüenza que a estas alturas de integración con la Unión Europea, una persona que lleva el 90% de su vida en un lugar no pueda participar activamente en la gestión del país". "Me parece una incongruencia que la Constitución permita que yo pueda ser alcaldesa de mi pueblo, si me votaran claro, -dice entre risas-, y en cambio impida que me presente al Parlamento balear o al Consell, u ocupar un cargo político de confianza". Se relata que cuando Lucy Jale Collyer llegó a Campanet en su casa sólo hablaba inglés, "pero en la escuela todos los niños hablaban en catalán" y que ella lo aprendió por gusto: "Mi sentimiento identitario es inglés y mallorquín, o de los Països Catalans, mientras que España no forma parte del mismo, por eso no me había planteado pedir la nacionalidad". Se dice que no hace mucho era la coordinadora en Bruselas de las juventudes de ALE (Alianza Libre Europea, "un partido en el que se integra el PSM, el BNG o Eusko Alkatasuna, formaciones políticas de regiones sin Estado o que reclaman más autonomía)" "Siempre he defendido que si yo hice el esfuerzo de aprender el catalán -no es fácil integrarse en la sociedad mallorquina-, no entiendo por qué un adulto no puede respetar la lengua del territorio donde vive. También soy bastante ecologista, así que por fuerza tenía que hacerme del PSM". Todavía desconoce si el "incidente" le hará cambiar de opinión, y solicitar finalmente la nacionalidad española, si bien afirma: "Llevo ya unos cuantos meses planteándomelo, porque el tema es mucho más complejo que lo ocurrido ahora. Yo en Inglaterra tampoco tengo todos los derechos que cualquiera que viva siempre allí, de modo que no tengo el pleno derecho a la ciudadanía en ninguno de los dos Estados". Si al final decide ser española, "tendré que renunciar a ser inglesa, porque para el Estado español oficialmente es incompatible tener las dos nacionalidades".

Se trata pues de un caso con muchos matices.

La señora Collyer se ha encontrado con un problema al tener la nacionalidad inglesa y no la española, cosa que antes nunca se le había producido. Residente en Campanet no puede acceder a un alto cargo público en España porque la Constitución Española no lo permite.

No se trata de un caso excepcional pues la mayoría de los países vetan en sus constituciones el acceso para altos cargos a los no nacionales. No es por tanto ninguna rareza española. ¿A caso una hipotética constitución de unas Illes Balears independientes permitiría a los no nacionales ocupar altos cargos públicos? Seguro que no.

Si la constitución permite votar y ser votado a un no nacional en las elecciones municipales, lo hace, como lo hacen las del resto de los países, en función de la reciprocidad. Si un español puede votar y ser votado en las municipales de un país miembro de la Unión Europea entonces un nacional de ese país puede votar y ser votado en un municipio de España y no en otro caso.

Yo no he ido a la escuela de Campanet pero doy por supuesto que los niños hablan en ella como lo hacen en la calle y como lo han venido hablando siempre. Otra cosa es que en su casa, hablen en el idioma que sus respectivos padres les enseñaron que, por supuesto, la mayoría será también en mallorquín. Cuando se tienen seis años, se es una esponja asimilando todo lo que la vida le ofrece y, entre ello, el idioma. De mayor la esponja ya está muy empapada y le resulta muy difícil absorber nuevas cosas. Estudiar requiere un gran esfuerzo y más a los mayores. ¿Por qué, si no, es tan poca la gente adulta que estudia, a pesar de que es cuando más se da cuenta que lo precisa?

Dice que sus sentimientos identitarios son el inglés y mallorquín e incluso de los Països Catalans, mientras que España no forma parte del mismo y que por eso no se había planteado pedir la nacionalidad española. Aquí es donde está el problema en todo caso y no en la Constitución. Omite o ignora a España, bien por una actitud personal o de grupo o bien por desconocimiento.

Esto me hace recordar lo que contaba un joven amigo mallorquín en los años setenta en Barcelona, cuando relataba su estancia en Londres perfeccionando su inglés. El joven de Sant Llorenç, desde hace muchos lustros catedrático en la Universidad de Barcelona, debido a su ya entonces preparación intelectual sorprendía a los dueños ingleses del piso donde se hospedaba. Asombrados sus anfitriones le decían: "Es una pena que usted sea español". Aquella familia ignoraba todo sobre España pero, seguramente por tener "la esponja empapada", en vez de aprovechar lo que la providencia había metido en su casa y conocer algo de España, haciendo válido el dicho de que "la ignorancia es muy atrevida", opinaba negativamente de ella.

Dice también la señora Collyer que lleva unos cuantos meses planteándose solicitar o no la nacionalidad española. No se deduce muy bien si es para acceder a un cargo público y entonces "París bien vale una misa", como dijo Enrique IV de Francia o desengañada de que Gran Bretaña le restrinja sus derechos allí por su ausencia efectiva de residencia en aquellas islas.

Pero la señora Collyer no debe estar preocupada ya que, si se decide, la Constitución Española es muy generosa y le bastará para obtener la nacionalidad española acompañar a su solicitud la acreditación de sus años de residencia en Mallorca. Esto no le bastaría a un mallorquín para obtener la ciudadanía británica. Lean lo que publicó el diario El País el día 01-11-2005:

"24 preguntas prácticas para convertirse en ciudadano británico. El Reino Unido pone en marcha hoy un examen para los aspirantes a lograr la nacionalidad.
¿Qué son los MPs? ¿Qué es la Iglesia de Inglaterra y quién está al frente? ¿Puede el heredero al trono casarse con alguien que no sea protestante? Si aspira a obtener la nacionalidad británica más le vale conocer la respuesta a éstas y otras 21 preguntas relacionadas con la esencia del Reino Unido, puesto que a partir de hoy se somete a un examen de 45 minutos a todos los aspirantes. Aspectos políticos y sociales y cuestiones del día a día conforman esta prueba".

Se imaginan si España le hiciese una sola pregunta a la señora Collyer conectada a la máquina de la verdad, si es que se decide a solicitar la ciudadanía, y que dicha pregunta fuese: "¿Considera a Mallorca como parte de España?" Hasta los plomos se fundirían.

Antibasse





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