28.02.10 - A estas alturas, nadie esperaba demasiado de Ace Frehley. Después de varios discos decepcionantes, el ex Kiss parecía haber perdido definitivamente el rumbo y las noticias sobre sus constantes problemas con el alcohol (problemas que, recordemos, le valieron su expulsión de la banda) no ayudaban demasiado a revertir esa situación. Sin embargo, y contra todo pronóstico, estamos ante un gran disco, una obra madura que reafirma todas las cualidades que caracterizaron sus días de gloria.
A diferencia del nuevo trabajo de sus ex compañeros de ruta, el viejo Ace no pretende agradarnos sino sorprendernos (ambos objetivos son dignos, es cierto, pero el de Frehley es más noble).
Aunque con un sonido renovado, Anomaly remite inmediatamente a su increíble disco solista de 1978 en cuanto a la estructura de los temas, y a pesar de ser un trabajo de guitarras crudas y potentes, éstas están siempre en función de la canción y no viceversa, evitando de esa manera un pecado muy común en los discos de guitarristas de rock.
Hay que decir que Ace siempre fue un bicho raro, aun en los días de gloria de Kiss. Ir por la vida con la cara pintada, disfrazado de hombre espacial y caminando sobre plataformas de 20 centímetros no parecía el trabajo ideal para una persona tímida y con evidentes problemas a la hora de relacionarse con su entorno. Sin embargo nuestro querido antihéroe no sólo se las ingenió para estar en el ojo del huracán en aquellos años dorados, sino que, además, le dio a Kiss una frescura que difícilmente hubiese conseguido de otro modo. Y fue justamente el contraste entre esa personalidad huraña y la de Gene Simmons y Paul Stanley (que, por el contrario, parecieran haber nacido para ser estrellas de rock), lo que le daba a la banda una identidad única.
Pero volvamos al presente. Anomaly es un disco de 12 sólidas canciones de hard rock, en las que Frehley toca todas las guitarras -a excepción del tema Outer Space, en el que lo secunda Derrek Hawkins- y toca el bajo en algunas. Por su parte, el trabajo del ex Frehley’s Comet, Anton Fig, en la batería es para sacarse el sombrero y le da a los temas el vigor que es de esperar en este tipo de producciones.
Todas las composiciones tienen ese “no sé qué” que le da Frehley a todo lo que hace, ese confiar ciegamente en su intuición, muchas veces desoyendo y hasta despreciando las más elementales reglas de composición. Y eso es justamente lo que hace que sus canciones sean maravillosas, únicas, irremplazables. Seguramente nunca encabezarán ningún ranking, de hecho, lo más parecido a un hit que tiene este disco es el cover de Sweet “Fox on the run”, es decir, la única canción del álbum de la cual no es autor.
Un disco hecho con garra y corazón, eso es lo que es Anomaly, un trabajo con canciones que sólo a él se le pueden ocurrir y melodías que sólo él puede cantar, y que nos produce la extraña sensación de estar ante algo que no todo el mundo está dispuesto a apreciar.
Bienvenido otra vez a casa, Ace, te echábamos de menos.
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